23 dic 2013

Volver a mandar una tarjeta de Navidad


Hace un tiempo –no mucho, apenas un par de años– entrevisté a una mujer que mandaba centenares de tarjetas de Navidad. El operativo le llevaba todo diciembre: imprimía las tarjetas, las escribía de puño y letra, las enviaba por correo a familiares, amigos, ex compañeros de trabajo, antiguas compañeras de colegio, padres de los que fueron compañeros de primaria de sus hijos… Hablaba de lo lindo que es recibir una tarjeta de alguien que pensó especialmente en uno para enviarle sus buenos deseos, y en consecuencia ella disfrutaba de mantener viva una vieja tradición cada vez más acosada por la inmediatez de las tarjetas virtuales. En ese momento, ni siquiera habían llegado todavía los saludos por Whatsapp.
En todo eso pensé hace unos días, cuando leí el título de una nota en el diario: “En tiempos de e-mails, proponen volver a las tarjetas navideñas de papel”. Fui enseguida al texto, pensando en que quizás era una nota a aquella entrevistada, o que tal vez habían formado un grupo pro tarjeta navideña, como un amigo supo integrar hace más de una década uno de resistencia de la máquina de escribir frente a la PC. La nota resultó ser un anuncio de la campaña anual de venta de tarjetas de una asociación por la infancia. Los que proponían volver a las tarjetas navideñas de papel eran, en realidad, quienes las vendían.
Pero la nota me hizo recordar que, como me decía la señora de las tarjetas, es una sensación especial recibir un sobre portador de buenos augurios. Hoy, cuando abro la puerta de casa y veo un sobre desconocido, o me preocupo porque es una intimación a pagar algo o me fastidio por los árboles que talaron para mandarme una publicidad de algo que nunca me interesa. Cuando era niña, una de las cosas que más me gustaba de diciembre era el ritual de las tarjetas navideñas: entre el armado del árbol y la Navidad propiamente dicha, las tarjetas eran como una “previa” de la celebración. En mi casa siempre se mandaron porque buena parte de mi familia vive en el exterior, pero mi madre me invitaba igual a mandarle su tarjeta a mi prima Ana Lía, que vivía en Vicente López, apenas a una hora de viaje. Ibamos a la librería, elegía la tarjeta que más me gustaba para ella, nos sentábamos con mi madre una tarde a escribirlas, las llevábamos al correo, y esperábamos que les llegaran a sus destinatarios, y también que ellos nos enviaran las nuestras. De adolescente, seguí manteniendo la costumbre con mis amigas, prolongando así el contacto tras el fin de las clases. Todas esas tarjetas recibidas fueron a una colección, que en algún momento se perdió: tenía mis preferidas, como una tarjeta de osos y otra de Indonesia que una amiga le había enviado a mi hermano y yo me la apropié.
En un gesto de rebeldía vintage, les propuse a mis hijos que este año mandáramos tarjetas de Navidad. “¿No es un poco pasado de moda eso?”, me preguntó mi hija. Le expliqué, sintéticamente, todo lo que acabo de contar más arriba: por qué era tan lindo para mí mandar y recibir una tarjeta navideña. Así que juntos exploramos un viejo mundo nuevo. Como hacía yo con mi madre, elegimos a quién le enviarían ellos su tarjeta, fuimos a la librería, buscamos las que más nos gustaron, escribimos de puño y letra, pasamos la lengua por el sobre, las mandamos por correo.
Los chicos disfrutaron la experiencia. Ahora, hay que esperar. Que lleguen sus tarjetas y que quizás ellos también reciban alguna…

Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica

16 dic 2013

¿Quién es perfecto?




¿Quién es perfecto? Esa pregunta planteó la ONG suiza Pro Infirmis, que se dedica a la promoción de las personas con discapacidad. Para el Día Mundial de la Discapacidad, que se celebró el 3 de diciembre, difundieron una campaña que hicieron junto a una agencia de publicidad y que ya se viralizó por las redes sociales.

La ONG convocó a cinco personas --dos mujeres y tres varones-- con distintas discapacidades físicas. Y un especialista en fabricación de maniquíes les tomó las medidas y creó cinco réplicas exactas de sus cuerpos, incluido uno en silla de ruedas.



Esos maniquíes luego se vistieron con prendas de marcas muy famosas en Suiza, y se exhibieron en las vidrieras de sus locales de la principal calle de negocios de moda de Zurich. El video registró todo este proceso, y también las reacciones del público al ver las vidrieras. Conmovedor y movilizante.


15 dic 2013

Lácteos que nacen de la inclusión


La Fageda es una cooperativa creada en Cataluña a principios de los 80. Gran parte de su personal son discapacitados mentales, y con sus productos lácteos logró competir con las grandes empresas multinacionales. El proyecto de Cristóbal Colón Parisi es un ejemplo de cómo una empresa social puede ser exitosa, y un caso único en el mundo que se estudia en Harvard. Mi nota en este número de Ciudad Nueva. 


La primera salida de chicas


Ayer tuvimos nuestra primera salida de chicas con mi hija. Hasta ahora, habíamos salido juntas un montón de veces al cine, al parque, a caminar cerca del río, a una exposición o de compras, pero siempre en familia o con sus tías, la Nonna o alguna de mis amigas. Pero ayer la ortodoncista no nos atendió y, en vez de pelearme con la recepcionista del centro dental, respiré y encontré, como dice mi madre, “en cada impedimento, una oportunidad”. Teníamos un shopping cerca, así que nos fuimos allí: el varón y el papá estaban en fútbol, así que nadie nos esperaba en casa.
Miramos vidrieras, entramos a los negocios que ella quería y a los que nos gustan a las dos. Pasamos percheros, elegimos, sacamos perchas con vestidos que nos poníamos delante a ver cómo nos quedaban. Paloma descartaba con vehemencia mis elecciones para ella, imponiendo su estilo y su comodidad (“NO-ME-GUSTAN-LOS-PANTALONES-BABUCHA”). Cuestionaba cuando una elección suya no me complacía a mí, sonreía y guiñaba el ojo cuando teníamos una feliz coincidencia (que fueron muchas). Salíamos de un local, con las manos vacías, pero divertidas, y entrábamos en otro, como parte de un juego. Entramos en una tienda de accesorios y nos probamos frente al espejo aros, pulseras, cinturones y moños para el cabello, todo con mucho brillo como nos gusta a las dos. Nos reconocíamos, nos aconsejábamos en el probador, y también nos pudimos permitir el gusto de comprarnos algo. Nos abrazamos, cada una con su bolsa, y les llevamos dulces para “los varones”, como sugirió Paloma.
Terminando la tarde, pasamos por una juguetería que tiene en todos sus locales dos puertas: una estándar para los adultos y una pequeña para sus mini-clientes. Ella entró por la pequeña, y quedó casi atorada. Adentro miró los juegos de ciencia, mientras yo repasaba, no sin nostalgia, todos los otros exhibidores con juguetes didácticos, encastres, peluches y muñecas que hasta no hace tanto elegía para ella. Salimos de la juguetería, nos compramos dos helados –quedaban sólo de frutilla y dulce de leche, justo los que queríamos, ¿un guiño para nosotras?—. Paloma propuso sentarnos en un banco de madera a comerlos. Lo hicimos, y ella se recostó, apoyando su cabeza sobre mi pecho. Miramos nuestro reflejo en el espejo del techo, charlamos y nos quedamos un ratito tomadas de la mano después de terminar los helados. Sentí en ese ratito que el mundo se paraba para mí y para mi hija. “Cuando yo sea viejita, ¿vas a recordar todos estos mimos?”. “Sí –me contestó–, y siempre voy a ser tu bebita”.
Sí, “siempre”, pero también “ya no”. Disfrute ese momento, ese abrazo, y me di cuenta de qué importante es para ellos y nosotros compartir espacios y momentos, por breves o extensos que sean, y encontrar nuevos modos y lugares de relación para escucharlos e ir reconociendo en nuestros hijos a esas personitas que van construyendo su carácter, expresando sus deseos y escribiendo su historia. Fue nuestra primera salida de chicas. Mi nena ya está grande.
Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica


13 dic 2013

El Papa Francisco, personaje del año

Editada en los Estados Unidos desde 1923, la revista Time es un símbolo del periodismo. Desde 1927, cada diciembre reconoce al personaje del año, en una elección siempre muy esperada y, muchas veces, no exenta de polémicas. En esa persona, Time hace un balance porque destaca a quien considera que protagonizó el o los hechos mundiales más relevantes de los 365 días que se van, y también fija así una línea editorial.
En el 2012, Time volvió a elegir personaje del año al Presidente de los EEUU Barack Obama, como “símbolo y en algún modo arquitecto” de la nueva América. No siempre el personaje es una sola persona: en 2011 lo fueron los protagonistas de las protestas populares que se dieron en varias ciudades del mundo, en 2006 los usuarios de Internet y en 1950 los soldados que pelearon en la guerra de Corea. Incluso, no necesariamente se vota a una persona: en 1982 la tapa de Time la ocupó una computadora. Marcando tendencia y polémicas, también eligió personaje del año a Adolf Hitler, en 1938.  
En 2013, el Papa Francisco se impuso sobre Edward Snowden, el ex “topo” de la CIA que reveló la mayor operación de espionaje estatal de la historia, y también de Miley Cyrus. Francisco es el tercer Papa elegido (Juan XXIII lo fue en 1962 y Juan Pablo II en 1994) y el primer latinoamericano en ilustrar la tapa del anuario. “Por haber trasladado el pontificado del palacio a las calles, comprometer a la mayor religión del mundo a enfrentar sus necesidades más profundas y equilibrar el juicio con la misericordia, el Papa Francisco es la Persona del Año 2013 de Time”, reseñó las razones de la votación Nancy Gibbs, jefa de redacción de la revista.
En menos de un año de papado, el argentino Jorge Bergoglio –el Papa que fueron a buscar al fin del mundo, como se definió a sí mismo apenas electo– generó una verdadera revolución dentro y fuera de la Iglesia. Así lo expuso Gibbs: “Pocas veces un nuevo actor en el escenario mundial ha captado tanta atención tan rápido –de jóvenes y viejos, creyentes y cínicos– como lo ha hecho el Papa Francisco. En sus nueve meses en el trono, Francisco se ha puesto en el centro mismo de las principales conversaciones de nuestra época: sobre riqueza y pobreza, imparcialidad y justicia, transparencia, modernidad, globalización, el rol de la mujer, la naturaleza del matrimonio, las tentaciones del poder”.
Algunos de los hechos más destacados que marcaron hasta ahora el papado de Francisco fueron su decisión de transparentar las finanzas vaticanas, la encuesta sobre la familia moderna que lanzó a los obispados de todo el mundo, su fuerte definición sobre la homosexualidad –“¿Quién soy yo para juzgar?”– y la revolución que causó en Río de Janeiro en las Jornadas de la Juventud, donde en una frase dirigida a los jóvenes argentinos que lo escuchaban también dio otra definición impactante: “Hagan lío”.
La Iglesia Católica tiene 1.200 millones de fieles, es la institución más grande y antigua del mundo y, en consecuencia, poco proclive a los cambios radicales. Francisco se propone reformarla para acercarla más a los fieles. Y esa reforma empezó con el estilo. Vive en la residencia de Santa Marta, viaja en autos comunes, usa los mismos zapatos que en Buenos Aires –y no los clásicos rojos de los Papas-, se para a tomar mate (la tradicional infusión argentina) con los fieles en las audiencias de los miércoles; abraza a un hombre con el rostro deformado por la enfermedad, llama por teléfono a una madre que le escribe una carta por la muerte de su hijo. Pero Francisco también habla. Cuestiona la idolatría del dinero y pide volver a poner el foco en el valor primario de la fe católica: en el otro.
Esos gestos son los que veneran sus fieles, y han incluso despertado simpatía en otros credos y en muchos ateos. Sin embargo, como marca Time, también generaron críticas entre los sectores más tradicionalistas de la Iglesia, “quienes temen que compra popularidad pagando el precio de una fe diluida”. Sus detractores de los sectores conservadores cuestionan el concepto de “redención de Dios para todos” que propone Francisco, y también sus críticas al capitalismo. Del otro lado, hay quienes recuerdan la postura activamente opositora que tuvo al matrimonio homosexual en la Argentina cuando era arzobispo de Buenos Aires, y apuntan contra la oposición eclesiástica al aborto.
La editora de Time hace una síntesis acertadísima del papado de Bergoglio, que este 13 de diciembre cumple 44 años desde que se ordenó sacerdote: “No cambió las palabras, pero cambió la música”. Y cierra su nota con una reflexión muy interesante, que dispara el debate sobre el personaje de este año: “Por estos días es estimulante escuchar a un líder decir cualquier cosa que moleste a alguien. Hoy, liberales y conservadores enfrentan por igual una elección cuando escuchan a una nueva voz de la conciencia: qué es más importante, ¿que este líder carismático dice cosas que ellos creen que es necesario decir o que también dice otras que preferirían no escuchar?”.

Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica. 

12 dic 2013

¿Cómo te sentirías si sufrieras bullying?



En Argentina, el bullying es un problema creciente y dos de cada tres víctimas terminan cambiándose de escuela. Tal es la gravedad del problema que este año el Congreso aprobó una ley para sancionar y prevenir el acoso y la violencia escolar. 

No es sólo un fenómeno local. El bullying crece en todo el mundo, empujado por el cyberbulling, el maltrato que se traslada del mundo virtual al real. 


En Francia, donde se estima que el 10% de los alumnos de primaria y secundaria lo sufren, hicieron un corto para crear conciencia. El video invita a los adultos a ponerse en la piel de un chico "buleado" y plantea cómo sería un día en la oficina, si fueramos víctimas de bullying.

11 dic 2013

Qué videos miran los argentinos online



Aunque faltan aún dos semanas para que termine el año, YouTube ya distribuyó el ranking de los videos más vistos de este 2013.

En Argentina, el top 3 está copado por el "youtuber" chileno Germán Garmendía, un verdadero fenómeno mundial, que con sus comentarios humorísticos en su canal "Hola Soy Germán" se convirtió en el segundo a nivel mundial en cantidad de suscripciones este año. Sus videos "Los hermanos" y "Los profesores" están en el primer y tercer lugar del ranking local. 


El segundo lo ocupa la "Cumbia Papal" que hizo el programa de TV Peligro sin Codificar en oportunidad de haber sido elegido Papa el argentino Jorge Bergoglio.


Los videos "para chicos" también están muy bien posicionados en el ranking, con la versión original del "Pollito pío" en el 4° puesto y el "tutorial" para bailar sus pasitos, en el 5°. Le sigue un enganchado de canciones de la granja y Pocoyó bailando el Gangnam Style, y cierra el top 10 Adriana con su clásico del Sapo Pepe. En el 9° lugar, una sorpresa: un video de la National Geographic que muestra cómo un jaguar ataca a un cocodrilo.


YouTube también listó los videos más vistos de los estrictamente musicales. Ahí, Daddy Yankee y J. Alvarez están primeros con la versión del tema "El amante", el coreano PSY segundo con su hit "Gentleman", y la mega estrella infantil Violetta tercera,, con "Hoy somos más".

9 dic 2013

Los ritos de nuestra Navidad



La primera Navidad que recuerdo es la de 1980. No recuerdo exactamente el festejo de esa Navidad, sino que el 8 de diciembre de 1980 mataron a John Lennon. Yo tenía paperas y estaba en la cama de mi mamá. En la radio sobre el ropero hablaban todo el tiempo de ese señor que no sabía quién era, pero debía ser muy importante. A mí, ese día, con cuatro años, lo único que me importaba era que las paperas no me iban a dejar armar el arbolito. Mi mamá, a cambio, me había dejado disponer de todos los adornos sobre la cama para jugar con ellos. Sonaba “Strawberry Fields” y yo convertí a un Papá Noel en Ken, el novio de Barbie.
Ese Papá Noel existe aún y por las siguientes tres décadas se vino colocando en la parte más baja del árbol familiar, preparado para recibir los adornos que el Papá Noel verdadero iba a dejar ahí. Cuando me mudé y armé mi árbol compré –claro—un árbol, una estrella dorada para ponerle en la punta, y un Papá Noel (el mío es de lata y no de plástico y tela como el de mi madre), que custodia el mismo lugar de mi árbol.
En casa siempre se festejó la Navidad y siempre mantuvimos nuestras tradiciones navideñas, que yo reescribí en mi propia familia. Y varias tienen que ver con el árbol. Mi madre me regaló algunos de sus adornos valiosos –no por su valor material sino por el sentimental—como un carrusel de madera que nos mandó de Italia la tía Sisina y la campanita roja que me vino en la revista Anteojito de esa fundacional Navidad de 1980 y que aún suena. Cada adorno tiene su categoría en el árbol, y ocupa más o menos la misma rama que el año anterior. En cada Navidad tratamos de sumar algún adorno nuevo por pequeño que sea, como un deseo de prosperidad. Como lo hacía de pequeña armando mis propios adornos –mi madre conserva varios­–, en una etapa de bricolaje que tuve hace unos años poblé el árbol de ángeles y paisajes navideños que pinté yo misma. También nos regalamos un adorno con mi madre: elijo uno para ella y ella, uno para nosotros. Ninguno superó la sensación de hace dos años, unas botas de tela con monedas de chocolate que mis chicos devoraron pese a los 35° promedio de Buenos Aires en diciembre. Y coloco tarjetas navideñas: ya casi nadie las envía, pero me traen recuerdos de las que mandaban mis tíos italianos cuando era una niña.
Pero la principal tradición del árbol, y la que más disfruto, es el momento de armarlo. Tratamos siempre de estar los cuatro juntos con mi esposo y mis hijos. Yo monto la estructura, que siempre es difícil, mientras él corre los muebles para hacer espacio en el living. Paloma pone el cordón de perlas doradas y Joan arma todo el lío posible. Después, cada uno elige el adorno que va a colocar y con él su deseo, rodeado de quienes más lo quieren, unidos en un momento de amor total en el que celebramos estar juntos y todos deseamos que ese deseo, sea cual sea, se cumpla.
Siempre, siempre, nos emocionamos. Después hay que terminar el árbol, guardar las cajas y barrer el piso, eso sí, lo que nadie quiere hacer. Y, por último, armar el pesebre de madera (que también hice en mi período arts and crafts). El niño Jesús se pone recién el 24 a la medianoche. Mientras tanto, espera en un precioso camioncito vintage de una marca de gaseosas que hizo de Santa Claus su ícono. Recién saldrá luego del brindis y de que abramos los regalos. Es otra tradición –profana, sí, pero divertida– de nuestra liturgia familiar navideña.

Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica. 



4 dic 2013

“Estoy en el hospital Garrahan y veo pasar al amor”


No es estrictamente una noticia aunque se publicó en un diario, pero quiero compartir esta carta de mi amiga del alma y colega Valeria López. Habla de tantos papás y mamás que día a día pelean para ver a sus hijos curados, de la entrega del personal de salud que los acompaña, y también de la bendición de tener un hijo sano. Para reflexionar sobre qué es lo realmente importante de la vida.


"Prefiero escribir en presente. Seguramente lo que escribo se repite todos los días. Estoy en el hospital Garrahan, en el sector de Hematología y Oncología, esperando los resultados de un análisis molecular a la sangre de mi hija Eva, y veo pasar el amor.
Papás y mamás con sus hijos calvos, caminando despacio o en brazos y en sillas de ruedas. Muchos con barbijo y la mirada triste. Otros, iluminados por la luz de la niñez y la vida. Los grandes, cargando literal y simbólicamente valijas llenas de miedos y de historias, algunas son de otras provincias. Todos luchando. Adentro, cerquita, los médicos, enfermeras y administrativos, con más amor en otra escala. Sonriendo siempre. Mientras espero, me esperanzo con pensar en que no hay enfermedad que venza al amor.
Gracias a la doctora Aurora Feliú Torres y a todo su equipo por el cariño y la dedicación con la que trataron todos estos meses a mi hijita, que finalmente no tiene nada grave.
Un abrazo fuerte desde mi admiración a todos esos anónimos papás y mamás que hacen todo lo posible y no dejan caer a sus hijos".

Argentina, con mala nota en educación


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) difundió ayer los resultados de la prueba PISA, una evaluación internacional a alumnos de 15 años que se toma cada tres años y que establece un ranking de calidad de la educación.

En esta edición, participaron 65 países y Argentina quedó entre los últimos 10: ocupó el puesto 59° de un ranking que dominaron países y ciudades asiáticas, con Shangai, Singapur y Hong Kong en el top three. Los resultados para América Latina fueron en general negativos y el mejor posicionado fue Chile (51°). Argentina quedó sexta en la región detrás también México, Uruguay, Costa Rica y Brasil, y sólo superó a Colombia y a Perú, el último de la lista. Además, bajó un puesto respecto del ranking 2009.

La prueba se dividió en tres áreas. En Matemática, los alumnos argentinos obtuvieron la menor cantidad de puntos, pero fue la misma que en la edición anterior (388). En Comprensión Lectora (Lengua) retrocedieron de 398 puntos a 396 y sólo mejoraron en Ciencias, porque pasaron de 401 a 406.

Los resultados –más allá de la justificación oficial de que se mantuvieron en general los obtenidos en la última edición, pero con la incorporación de más alumnos al sistema– volvieron a poner en debate la calidad de la educación local. Y el principal problema, puntualizó el informe PISA y coincidieron los expertos locales, radica en las dificultades con la lectura: los adolescentes argentinos no comprenden lo que leen.  

2 dic 2013

“Es tu culpa”



Por una casualidad, hace muchos años llegó a mis manos un libro de un escritor hindú desconocido. Desde entonces, la literatura de la India me despertó una fascinación por sus grandes autores contemporáneos y por las descripciones de un país que me parece tan lejano como irreal.
Así conocí a Anita Nair, una escritora de ese país que recomiendo fervientemente. Anita escribe sobre las mujeres. Y a partir de sus libros, empecé a interiorizarme un poco más en la vida de las mujeres de la India en particular. El año pasado, en unas vacaciones de invierno, terminé con un nudo en la garganta la novela “Lecciones de olvido”, la cual -desde lo más trivial a lo más profundo- relata el drama que puede resultar ser una mujer en la India, un país que a fines del año llegó a la tapa de los medios internacionales cuando una estudiante de 23 años terminó muerta tras un abuso sexual brutal. El caso desató la furia, y en diciembre de 2012, llevó a miles de personas a las calles, para decir “basta” a la violencia contra las mujeres en una histórica manifestación.
Hace poco, un video que se viralizó en Internet volvió a poner la mirada sobre la violencia sexual en la India. La campaña se llama “Es tu culpa”, y en sólo una semana superó los dos millones de visitas en YouTube. Se puede ver en este link, con subtítulos. 
El video es tremendo. Muestra a dos chicas preciosas, con un tono de voz ingenuo y una música de fondo muy suave, que con una ironía feroz les hablan a la cámara a las víctimas de abusos sexuales y les dicen que todo lo que les pasó, es su culpa. Su culpa por ir vestidas con minifalda, por ir con un vestido largo, por ir con burka, por ir vestidas de astronauta. Por cocinar chow mein, por hablar por celular, por trabajar: en definitiva, es su culpa por ser mujeres.
En un país donde la violencia sexual es moneda corriente y donde incluso llegaron a prohibir las ecografías para que los médicos no revelaran el sexo –y así las madres no abortaran si esperaban una niña–, el “es tu culpa” es un shock, porque evidentemente en una sociedad tan patriarcal, son muchos los que piensan que es culpa de la mujer ser víctima de un abuso sexual.
Después de verlo, me quedé pensando en que, salvando las distancias, hay matrices comunes. ¿Cuántas mujeres víctimas de violencia recibieron el mismo argumento de parte de sus parejas a la hora de justificar los golpes? Es su culpa por vestirse provocativas, es su culpa por tener amistades, es su culpa por salir a trabajar, es su culpa por querer estudiar…
La violencia sexual tampoco es, lamentablemente, una situación excepcional en América Latina. Y muchas veces la violencia se da dentro de una relación de pareja, con lo cual se naturaliza. Todas las asociaciones que trabajan con la violencia de género lo gritan para que las mujeres lo entiendan: ser obligada a tener sexo, incluso por el marido, es violencia.

Eso es lo que me pareció genial y universal de la campaña: la violencia (física, sexual, psicológica) nunca, nunca, nunca es nuestra culpa. Ni acá, ni en la India. 

Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica. 


Mucho más que un vestido de Princesas



Mi primer acto del jardín de infantes fue también la primera gran frustración de mi vida. La maestra había preparado una representación del baile de Cenicienta para concluir la sala de 4. A mi amiga Valeria, la única rubia del curso, le tocó el protagónico. En el casting yo ni siquiera alcancé el antagonismo perverso de una hermanastra y tuve que conformarme con ser una más de las invitadas al baile. Como mis otras 15 compañeritas, yo quería ser Princesa.
En una época en que no había tal despliegue de disfraces como hoy, me gustaba jugar con un vestido amplio y de falda larga que mi tía Sisina me había mandado de Italia, para recrear mi propia historia entre los amplios salones dorados de un palacio, a la espera de un príncipe azul. Cuando me casé, dudé muchísimo entre elegir un vestido lánguido con un etéreo saco de encaje, o un vestido de novia clásico “a lo Princesa” de enagua armada casi como un miriñaque, pechera bordada y hombros ligeramente al descubierto. Adivinen con cuál llegué al altar.
Ahora que lo pienso, creo que inconscientemente me vengué 25 años después de la señorita Adriana y la noche de mi boda fui la Princesa que debería haber sido en el acto de salita de 4 (yo y todas las demás, claro). Me doy cuenta de esto al mirar con mi hija la impresionante colección de vestidos de Princesas que la casa de subastas Christie’s acaba de rematar en Londres a beneficio de un hospital de niños inglés.
Grandísimos diseñadores de alta costura hicieron una interpretación actual de los trajes en los que ilustradores de Disney enfundaron a Aurora, Cenicienta, Blancanieves y a las demás. Cada uno a su estilo, crearon piezas de seda, vinílico, bordados y piedras capaces de cortar la respiración de cualquier fashionista. Versace cubrió de dorado a Cenicienta; para Bella, Valentino cambió el rojo que es su marca por el amarillo; Oscar de la Renta le puso unas mangas a la capa de Blancanieves que me parecieron una exageración, pero les juro que mataría por el clutch dorado con forma de manzana; el strapless azul que creó Marchesa le quedaría mejor a Sandra Bullock que a Ariel, pero sí le sentaría perfecto a Jazmin el conjunto fucsia de Escada –y ni hablar a mí sus aros de mil argollas doradas engarzadas–. El Ralph and Russo verde agua para Tiana es de esos ejemplos en que menos es más, al igual que el Jenny Packham lavanda para Rapunzel. Dejo para el final el increíble kimono tejido que Missoni imaginó para Mulan y el Cavalli animal print de Pocahontas, versión perfecta para una Princesa moderna.
Pero EL vestido, coincidimos con mi hija, fue el que el diseñador libanés Eliee Saab imaginó para Aurora. Tul y seda rosa, piedras bordadas en el escote, una joya indescriptible. Alguna afortunada que haya podido pagar los más de 5.000 dólares por los que salió a subasta podrá ser, realmente, la Bella Durmiente en él.
Más allá de la firma y la belleza que cada una de estas piezas conlleva, la fascinación que a más de una mujer nos producen –niñas o adultas por igual—tiene que ver con lo que las Princesas encarnan. El sueño de ser Princesa es el sueño de que los sueños –valga la redundancia—puedan convertirse en realidad. Las Princesas son la muestra de que después de un camino de dolor, siempre nos espera la felicidad.

Mientras mirábamos con Paloma la página de la subasta, Joan nos miraba a nosotras. “Yo quiero ser Príncipe de Disney”, me dijo. “¿Por qué?”, le pregunté. “Porque los Príncipes aman a las Princesas, y las Princesas aman a los Príncipes”, me contestó, sintetizando la clave de la fantasía de las Princesas. El tema es el amor. Y creo que el ideal del amor que encarnan las Princesas es lo que hace que todas hayamos alguna vez deseado ser una de ellas. El Príncipe azul que sí existe, y que es capaz de vencer a la malvada más malvada. El beso de amor de Giselle en “Encantada” –tendrían que haberle hecho un vestido también a ella—que nos devuelve a la vida. El amor perfecto y eterno. ¿Quién no desea eso para su vida?  

 Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica


Chau Tabú: respuestas sobre sexualidad en la Web

El viernes, el Ministerio de Salud de la Nación difundió los resultados de la última Encuesta de Salud Escolar, en la que entrevistaron a más de 20.000 chicos de entre 13 y 15 años de todo el país. La encuesta mostró una significativa baja en la edad del debut sexual (el 37% de los chicos tuvieron su primera experiencia antes de los 15 años) y también un menor uso del preservativo.

La buena información es la clave para una sexualidad responsable, advierten siempre los especialistas. Intentando brindar ese espacio, también este fin de semana se lanzó la página web Chau Tabú, que desarrolló el Gobierno de la Ciudad con el apoyo de Fundalam, la Fundación Huésped y la FAGLBT

En el sitio web, están reflejadas las dudas más comunes de adolescentes (y no tanto) y las respuestas a ellas. Por ejemplo, si está mal masturbarse o ver películas pornográficas, cuáles son los métodos anticonceptivos más seguros, o dónde conseguir la píldora del día después. También hay videos que explican cómo ponerse un preservativo o dónde está el clítoris. Y un consultorio online responde preguntas.