14 sept 2017

La receta de la felicidad



En 2015, tuve la oportunidad de viajar a Copenhague, la capital de Dinamarca. Me sorprendió tanto la vida danesa que me sentía como en Marte. Escribí tiempo después una nota en Clarín en la que contaba esas sensaciones.

Dinamarca tiene una estadística envidiada: es el país donde sus habitantes tienen el mayor índice de felicidad. Donde la gente se siente más feliz en el mundo. Existe incluso el Instituto de la Investigación de la Felicidad, un organismo que se dedica justamente a investigar sobre ese concepto tan intangible. Porque, ¿qué es ser feliz?


Nyhavn, el principal paseo de Copenhague

Los daneses tienen una respuesta. Y según Meik Wiking, el director de ese instituto, no pasa por el estado de bienestar, la estabilidad económica, una sociedad donde las reglas funcionan o un clima amable (esto último, Dinamarca no lo tiene: es un territorio frío, con inviernos duros de noches eternas). La receta está en el hygge.

Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas, es un precioso librito que escribió Wiking y que Paidós acaba de editar en Argentina. En él, el investigador analiza qué es lo que hace tan felices a los daneses. Y lo estandariza en una serie de ideas para que cualquiera, en cualquier lugar del mundo, pueda poner en práctica esa fórmula.


El libro analiza qué es el hygge y cómo alcanzarlo

La clave, sostiene el autor, es el hygge. Explica que este concepto “tiene más que ver con el ambiente y la experiencia que con las ‘cosas’. Consiste en estar seguros con las personas que amamos. Una sensación de hogar. Sentirnos seguros, protegidos del mundo, y permitirnos bajar la guardia. Ya sea teniendo una conversación sin fin sobre las pequeñas o grandes cosas de la vida —o solo estar a gusto en compañía del otro en silencio— o sencillamente disfrutando de una taza de té a solas”.

“El hygge es humilde y lento. Consiste en preferir lo rústico a lo nuevo, lo sencillo a lo elegante, y la atmósfera a la emoción. En muchos sentidos, el hygge podría ser el primo danés que nos enseña a vivir despacio y en forma sencilla”, sostiene. 

Ahora bien, ¿cómo poner en práctica el hygge? Estos son 10 consejos básicos de Wiking (en el libro hay varios más, incluidas las recetas de los platos típicos que comen los daneses y que contribuyen a su hygge).


Un plato típico danés 

10 El mejor indicador de si somos felices o no son nuestras relaciones sociales. Es la pauta más clara y recurrente. La pregunta es cómo dar forma a nuestras sociedades y a nuestras vidas para que las relaciones sociales florezcan. Una respuesta importante es centrarse en un equilibrio sano entre vida y trabajo. El tiempo compartido con los demás crea un ambiente cálido, relajado, agradable, centrado, confortable, cómodo y acogedor. Es como un buen abrazo, sin el contacto físico. El arte del hygge es también el arte de ampliar tu zona de confort incluyendo a otras personas. 

2) El hygge está cargado de una fuerte orientación y compromiso hacia la vivencia del momento presente. 

3) Consiste en apreciar los placeres sencillos de la vida que se pueden conseguir con un presupuesto reducido. El ambiente adecuado o el sentimiento de unión no se pueden comprar. No podés sentir el hygge si estás apurado o estresado. 

4) Beber (y sostener) con las manos una taza de café caliento o de tu té favorito también es reconfortante y hygeligt (que promueve el hygge). 

5) Disfrutar de la comida y prepararla es hygge. Wiking propone armar un club gastronómico entre amigos. En vez de juntarnos entre cinco o seis y turnarnos para ser el anfitrión, preparar la comida todos juntos. Se crea un trato más igualitario, sin que nadie tenga que atender a todos los demás invitados.

6) Tener en casa un hyggekrog, algo así como un “rinconcito”. Es el lugar donde te gusta acurrucarte con una mantea, en compañía de un libro, con unos almohadones y una taza de té. El rincón de tu casa donde sentarte y relajarte después de un largo día. Cuando estamos allí, sentimos que tenemos el control y no nos encontramos expuestos a lo imprevisible. Eso es hygge

7) Cómo armar tu casa hygge: para los daneses, siempre debe haber velas, objetos de madera, una conexión con la naturaleza en la decoración (hojas, maderas, pieles de animales), una estantería con libros, objetos de porcelana, mantas, almohadones, y piezas vintage y que privilegien lo táctil. Según Wiking, todo esto contribuye a generar un ambiente hygeligt.

8) Fuera de casa, el contacto con la naturaleza es hygeligt. Cuando estamos cerca de la naturaleza, no nos engulle el uso de la electrónica ni hacer malabarismos. No hay lujos ni extravagancias, sólo la compañía y la conversación.  

9) Elige un estilo informal. En Dinamarca, ése es el estilo clave. La moda danesa es elegante y minimalista, pero confortable. Usan fulares y bufandas, pulóveres voluminosos se visten en capas y les gusta mucho el negro.

10) ¿Un kit de emergencia para alcanzar rápidamente el estado hygge? Velas, un buen chocolate, una taza de té, tu libro favorito, tu película o serie favorita, una mermelada casera, un buen suéter y un par de medias de lana, las cartas favoritas que hayas recibido, un cuaderno donde tomar notas, una buena manta, música y un álbum de fotos. 

Para seguir leyendo: Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas. Descubre por qué los daneses son los más felices del mundo y cómo tú también puedes serlo, Meig Wiking, editorial Paidós, 282 páginas, $ 309.


10 sept 2017

Chicos y deporte: 10 tips para padres



Ya les he contado aquí de por qué decidí inculcarles a mis hijos el amor por el deporte o, mejor dicho, por una práctica deportiva que pueda ayudarlos a vivir más saludablemente, incorporar valores y también divertirse. No es fácil: implica lidiar contra el sedentarismo que tanto tienta (si incluso a los grandes nos tienta a veces quedarnos tirados mirando una serie en el sillón, ¿cómo no los va a tentar a ellos quedarse conectados horas con sus dispositivos), con nuestro propio cansancio (sí, hay que saberlo, te convertís no sólo en el remisero que los lleva al entrenamiento dos veces por semana, sino también en el que los tiene que llevar al partido del otro lado de la ciudad el domingo a las 8 de la mañana), con los temores propios (“¿Y si se lastima?”. Sí, se lastima, es inevitable, pero a golpes nos hacemos fuertes también) y con las situaciones particulares de cada niño, cada madre, cada padre y cada familia. 

Pero hacer deporte está bueno. Es una gran enseñanza que les podés dejar a tus hijos. Y es fundamental el acompañamiento de los padres para que el chico pueda encontrar lo que le gusta y fortalecerse en esa práctica. 
A propósito de su Spring Roller, la rolleada familiar que organiza cada año, Farmacity difundió un dossier de consejos para padres de la psicóloga María Constanza Castro, especialista en psicología aplicada al deporte. Si todavía no te animaste a impulsarlos a moverse, tenés dudas o no sabés cómo hacerlo, son una buena guía. Y para empezar a probar, el domingo 17 desde las 8 habrá actividades deportivas gratuitas para toda la familia, como una master class de baile y zumba, además de la ya tradicional carrera de rollers (a partir de los 4 años) para la que hay que inscribirse a través de www.springroller.com o en el Club de Corredores. 

1. Los padres deben favorecer la participación de sus hijos en actividades físicas y deportivas más allá de la escuela. Para eso, conocer la oferta de su localidad, animarlos a participar y tener en cuenta que el propio ejemplo es siempre la mejor estrategia. 

2. Ayudar a los chicos a decidir cómo practicar deporte y a elegir qué deporte, pero no olvidar que la elección se debe basar en las preferencias de los hijos. Considerar las características del chico y también del deporte, puesto que las exigencias no son las mismas en un deporte recreativo que en uno de competición. Tampoco lo son en uno individual frente a uno de equipo. 

3. Al elegir club, confirmar que los entrenadores aplican los principios psicopedagógicos fundamentales del entrenamiento para jóvenes, además de estar técnicamente preparados.

4. Mostrar interés por las actividades deportivas de los hijos. Saber escuchar y estar disponible cuando necesitan algún consejo.

5. Asegurarse que los niños practican deporte de una manera saludable, en un ambiente de diversión en el que se ponga el énfasis en el esfuerzo por realizarlo lo mejor posible.

6. Ayudar en las tareas logísticas del club o escuela deportiva. La participación de los niños exige importantes esfuerzos organizativos. 


7. Aceptar el papel del entrenador, no pretender sustituirlo ni interferir sus funciones.

8. Aceptar los éxitos y fracasos, orientándolos siempre a la motivación y a la mejora. 

9. Mostrar una dedicación e intereses adecuados. Esto es,encontrar un equilibrio entre no dar importancia o ignorar la práctica deportiva y estar extremadamente implicados. 

10. Ser un modelo de autocontrol. La forma de comportarse de los padres en una competencia es un medio educativo mucho más determinante que cualquier charla o explicación.

Foto: Farmacity