Un reino para mi princesa


Me recuerdo con seis o siete años, usando un vaporoso vestido verde que me había mandado de Italia mi tía Sisina. Cuando me ponía ese vestido, sentía que era una princesa. Lo mismo que mi hija cuando se disfrazaba, aunque ella por fortuna tuvo la opción de elegir entre varios trajes de las Princesas de Disney para transformarse en Cenicienta, Bella o Blancanieves y vivir su propia historia principesca.
La fantasía de ser princesas es más que nada la posibilidad de potenciar el brillo que cada una lleva dentro. Pero, claro, para ser princesa hace falta un reino. Digamos que sin reino, en definitiva, no hay princesa. 
Y eso entendió Jeremiah Heaton. Este estadounidense de 38 años tiene una hija de siete, Emily, que como toda niña de su generación quería ser princesa. Pero mientras que a algunos padres nos alcanza para pedirle un traje y una corona a Papá Noel, Heaton decidió buscar un reino. Un reino para su princesa.
Dueño de una empresa de seguridad, echó mano a un viejo principio del derecho internacional, el terra nullius, que permite que alguien se apropie de un territorio que nadie reclama. Buscó primero una porción de tierra en la Antártida (¡Emily sería la verdadera Elsa de Frozen!), pero desistió porque por el Tratado Antártico nadie puede considerar propia esa tierra. 
Entonces, gracias a una ardua búsqueda en Internet, encontró un territorio en África, en la frontera entre Egipto y Sudán, que no era de nadie. Diseñó una bandera, consiguió un permiso para llegar y el 16 de junio plantó la bandera en el medio del desierto con su familia y nombró a Emily como la princesa del Reino de Sudán del Norte
Parece el argumento de una película. Y lo será: Disney compró los derechos para filmar esta inédita historia de amor paternal, que será dirigida por Morgan Spurlock (el director de “Super size me”). Mientras espera para ver a su princesa en la pantalla grande, Jeremiah está ahora en tratativas con otros países de la región para que reconozcan su reino, asegura que va a impulsar allí la producción agrícola y que tiene planes para mudarse con su familia a Sudán del Norte.  
Nadie quiere decirle a una niña que ella no puede ser lo que sueña ser. En su mundo, una chica de seis años quiere ser una princesa. Y yo le dije que era factible”, le contó desde su granja de Virginia Jeremiah a la corresponsal del diario argentino Clarín. Quizás este padre llegó demasiado lejos, pero… ¿hasta dónde no seríamos capaces de llegar para cumplir el sueño de un hijo?

Esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica

Adriana Santagati

Soy periodista desde hace 20 años y mamá desde hace 10. Edito en Clarín Sociedad, soy blogger en Disney Babble y escribo en Ciudad Nueva. En este blog recopilo noticias, consejos, experiencias y reflexiones sobre todo lo que nos atraviesa en nuestra vida cotidiana (y en especial en la maternidad/paternidad).

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